Els alumnes d’Economia de 1r de batxillerat han preparat aquests magnífics  treballs sobre els impostos. Els dos primers vídeos, a més, participaran en un concurs nacional per a centres escolars que s’inclou dins del Programa de Educación Cívico Tributaria curso 2018-2019 . Que tengueu molta sort!

«SIN IMPUESTOS, NO HAY ESTADO DE BIENESTAR»

Educación, sanidad, cultura, seguridad, defensa, justicia, infraestructuras… son solo algunos de los servicios y bienes públicos que, de una manera u otra, disfrutamos en algún momento. Verdaderamente, cuando hacemos uso de ellos, no nos paramos a pensar gracias a qué los podemos utilizar. Sin embargo, quizá este sea un buen momento para reflexionar sobre ello. Todos estos servicios y bienes que provee el Gobierno para asegurar nuestros inalienables derechos sociales, garantizados gracias a la Constitución Española, que acaba de cumplir 40 años, conforman el Estado de Bienestar. Hasta ahí, todo bien. No obstante, ¿qué herramientas tiene el Estado para poder ofrecer estos bienes y servicios?

La principal herramienta del Estado son los impuestos, gracias a los cuales cubre nuestras necesidades. Ahora bien, aunque todos tengamos alguna idea de qué son, creo que merecería la pena intentar definirlos de manera aproximada. Así, los impuestos son cantidades monetarias que los ciudadanos están obligados a pagar por ley al Sector Público, conformado por las diferentes Administraciones. Los impuestos son los ingresos más importantes con los que cuenta la Administración, tanto cuantitativamente como cualitativamente, y los usa principalmente, entre otros, para poder garantizar la provisión de bienes y servicios públicos al conjunto de la ciudadanía. En realidad, los tributos no responden a necesidades cuya satisfacción es exclusivamente individual, sino a necesidades colectivas, en otras palabras, propias del conjunto de la sociedad. Por eso resultan tan relevantes, porque son la principal fuente de ingresos que dispone el Estado para poder ejecutar su Presupuesto, y compensar de esta manera los gastos del país.

El sistema tributario, es decir, el conjunto de los impuestos, funciona, metafóricamente hablando, de una forma muy similar a un engranaje o una cadena. En este caso, una cadena humana de colaboración para el disfrute colectivo del Estado de Bienestar. No obstante, veámoslo más nítidamente a partir de un ejemplo, imaginemos esta situación: Pablo paga sus impuestos, gracias a ello la hija de María puede ir al colegio, así los tributos de Maria permiten que Juan pueda hacer uso del sistema sanitario, pero si no fuera por Juan, Pablo no podría recibir su ayuda por desempleo. Desde esta óptica, estas contribuciones son piezas de un gran engranaje que permiten que funcione correctamente, de manera que todos podamos disfrutar del Estado de Bienestar.

Y es que una de las características clave de los impuestos es la solidaridad. Aunque la solidaridad se relacione con actos voluntarios y sin ánimo de lucro, y los impuestos sean de carácter obligatorio y lucrativos, ya que normalmente se pagan para recibir indirectamente algo a cambio, debemos ver el pago de nuestros impuestos, no tanto como una obligación, sino como un acto profundamente beneficioso para en cuanto a nuestra sociedad en general. Únicamente así, podremos avanzar hacia un país más justo y menos desigual, porque esto también es uno de los objetivos de los impuestos: luchar contra la desigualdad consecuencia del propio sistema económico.

Desde esta perspectiva, todo parece perfecto, pero la realidad es muy distinta. Si todos pagáramos nuestros correspondientes impuestos, ese engranaje al que hacía referencia antes funcionaría casi sin ningún problema, pero la cruda realidad es que no todos los ciudadanos y empresas pagan sus impuestos. Por desgracia venimos viviendo una última década en la que se ha producido un incremento exponencial del número de defraudadores a Hacienda. Las posibles explicaciones de este notable aumento pueden ser varias: la reciente crisis económica, la pérdida de la confianza en el sistema fiscal o en el propio sistema político… Lamentablemente, cada día más adultos, pero sobre todo más jóvenes y niños desconfían del sistema político, y entre otros casos, del sistema fiscal.

Esta redacción tiene como objeto, entre otros, tratar de hacer reflexionar a estas personas, de hacerlas pensar sobre las indiscutibles consecuencias negativas del impago de los impuestos. Soy consciente de que nuestro sistema tributario dista mucho de ser perfecto, que a veces puede ser injusto con ciertos colectivos en riesgo, que muchas familias y PYMES ya tienen dificultades para llegar a fin de mes para que además se añadan más gastos en su presupuesto… pero no veamos el pago de los tributos como un inútil gasto más, percibamoslo como algo hondamente positivo para nuestra sociedad. La pregunta que debemos plantearnos es simple: ¿Qué preferimos: una sociedad en la que haya que pagar impuestos mínimos, y consecuentemente el Estado no provea ni bienes ni servicios públicos, y que de esta manera, la educación, salud, seguridad… de nuestros familiares, amigos, compañeros, compatriotas esté en manos de empresas privadas cuyo principal propósito sea el de su propio beneficio económico, y no el de satisfacer nuestras necesidades? o ¿un sistema fiscal similar al que tenemos ahora, donde conscientes de sus problemas e intentando erradicarlos, paguemos nuestros impuestos para que así la Administración pueda garantizar bienes y servicios públicos de calidad? La respuesta depende de ti. Yo no voy a decirte lo que tienes que pensar, ni mucho menos, creo que eso resulta contraproducente, lo único que te voy a pedir es que reflexiones porque aunque no lo creas tus impuestos importan, tú importas, ellos importan, y recuerda: «SIN IMPUESTOS, NO HAY ESTADO DE BIENESTAR».

Julián Valadés Ramírez, 1º de bachillerato A

 

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